Final Fantasy VIII [Análisis Retro]

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Todo el mundo conoce más que de sobra a uno de los mejores juegos de rol japonés que existen, perteneciente a la saga de dicho género más famosa del mundo de los videojuegos. Cuando se pregunta qué entrega es la preferida, la cosa suele estar entre el VI, VII, IX, X y este VIII, y aunque en mi caso esta octava entrega está en segundo lugar después del séptimo, no es de extrañar en absoluto que sea el preferido de muchos.

La por aquella entonces conocida como Squaresoft tenía una difícil misión, pues Cloud y compañía habían puesto el listón muy alto, y no es que se tratase de superar el juego anterior, sino que las expectativas de los usuarios estaban demasiado altas, lo que hacía que esperasen un título como mínimo con la misma calidad, a lo que había que sumarle el inevitable hype que se había producido.

La suerte es que por aquella época los jugadores no eran tan “repelentes” como lo son ahora, y no era normal escuchar a cientos de personas criticando algo de lo que no había visto todavía la luz, por lo que se limitaban a dejarse llevar por la ilusión de volver a vivir una gran aventura y confiar en el que equipo que les había dado toda una obra maestra con Final Fantasy VII dos años atrás, en 1997, volverían a dejarles con la boca abierta, en lugar de pasarse el tiempo de espera intentando que les hagan caso a ellos.

Aunque muchos dirían que eso se debe a que en la actualidad se toman malas decisiones cambiando la fórmula que tanto gustaba, hay que recordar que antes también se hacía pero no las veíamos mal, si no una forma de probar cosas nuevas. Final Fantasy VIII apostó por un aspecto gráfico más realista por primera vez en la saga. Además, desaparecieron los puntos de magia (PM), siendo cambiado por un método que consistía en extraer las habilidades de los enemigos, lo que hacía que variase el estilo de lucha y subida de niveles. ¿Cómo nos habríamos tomado decisiones así ahora? Fatal, cosa que no pasó en aquellos años.

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Finalmente pudimos catarlo en octubre de 1999 en nuestro país, teniendo en nuestras manos un nuevo JRPG por turnos que ya desde la secuencia inicial conseguía dejarnos con las bolillas colgando con una de las intros más increíbles y recordadas del mundo de los videojuegos, gracias a un aspecto visual impecable acompañado de una banda sonora que hoy día muchos seguimos poniendo en Youtube de vez en cuando para disfrutarla como el primer día.

Todos los protagonistas de Final Fantasy VIII tenían una personalidad muy marcada y bien trabajada, que logró que todos sus nombres sean hoy día recordados por todos los que lo jugamos y disfrutamos. ¿No os pasa que disfrutáis de un juego pero pocos meses después de acabarlo ya no recordáis los nombres de los personajes salvo quizás el principal? Esto no suele ocurrir con Final Fantasy VIII al igual que no pasaba con el VII, y eso se debe a que les coges tanto cariño y te sumerjes de tal manera en su apasionante argumento, que sus nombres y sus vidas se quedan grabadas para siempre.

Squall y Seifer comenzaban siendo enemigos a la vez que compañeros, pero con el paso de las horas las cosas van cambiando y aunque su rivalidad está siempre presente, somos testigos de como los acontecimientos que se van sucediendo logran que la amistad vaya creciendo de una manera nada ñoña o simple como pueda pasar en otros muchos juegos.

También tenemos a Rinoa, con la que tenemos la temática romántica del título y que ya por si sola logra mantenernos bien pegados al mando para ver si dan el paso o no. También muy bien llevado en todo momento para que su historia se mantenga siempre interesante y dure de principio a fin.

Y podría seguir con el resto de los personajes, ya que todos aportan en mayor o menor medida algo al argumento de forma más o menos directa sin que, al menos a mi entender, sientas que sobra ninguno de ellos. De hecho, algunos logran colocarse fácilmente como preferidos para muchos jugadores, como es el caso de Laguna.

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Un videojuegos hace que te sumerjas en él gracias a la suma de varios factores, y Final Fantasy VIII los tenía todos. Si metes a unos personajes carismáticos en una historia que cada minuto va ganando en interés dentro de un mundo amplio y original con mucho que hacer en el que cada escenario te paras a deleitarlo, y lo acompañas todo de una banda sonora inolvidable, logras un producto redondo.

Nobuo Uematsu fue el encargado de la música que escuchamos de principio a fin, logrando temas como el mencionado de la intro o el emotivo “Eyes on me”, que se convirtió en el primer tema cantado de la saga, interpretado por la cantante de origen chino Faye Wong. Por cierto, os recomiendo que busquéis por Youtube dicho tema interpretado magistralmente por Angela Aki, una de mis cantantes japonesas favoritas, que puede que conozcáis por “Kiss me Good Bye”, el tema principal de Final Fantasy XII.

Ya sabéis que tenemos confirmado el Remake de Final Fantasy VII, y si les sale bien, cosa que espero que sí, no sería de extrañar que el siguiente en seguir esa senda sea esta octava entrega (aunque no le haría ascos a otros como el V o el VI). Es pronto para siquiera pensar que eso pueda ser posible algún día, pero cuando ya tengamos en nuestras manos el Remake en el que están metidos, nos será difícil resistirnos a pedirlo.

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